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Il blog del Centro Internazionale di Spiritualità

NAVIDAD, MISTERIO DEL AMOR ENCARNADO

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La humanidad recibe de María el don de la Navidad. Ella tiene en sus brazos al Niño, Ella presenta el Misterio que el Espíritu de Dios ha obrado en sus entrañas: la encarnación del Hijo de Dios. En su seno, durante nueve meses, se ha hecho realidad el sueño inmemorial de Dios. Dios se ha hecho Niño.

La Madre presenta el fruto de su vientre: el misterio de Dios en la carne de un Niño; Dios hecho don absolutamente accesible, absolutamente amable, absolutamente tierno; Dios hecho don para todos.

Algo nuevo había empezado a ocurrir. En un Niño, Dios aprendía a ser hombre, y el hombre aprendía a ser Dios. Y ese misterio del Niño Dios es un misterio llamado a prolongarse en todos nosotros. En la carne de Jesús el hombre aprende cuál es el designio de Dios sobre nuestra humanidad, sobre cada uno de nosotros.

En la Navidad no recordamos simplemente un hecho histórico acaecido hace mucho tiempo; lo que hacemos es una especial memoria de la realidad que el cristiano está llamado a vivir cada día.

Por el don del Espíritu, Cristo no es solo Emmanuel, es decir Dios-con-nosotros, sino también Dios-en-nosotros. Por el don del Espíritu, Cristo viene continuamente a nosotros, nace continuamente en nosotros, porque el Espíritu nos va configurando con Él, para que nosotros seamos también encarnación de Dios en este mundo, para que seamos presencia de Dios gracias a nuestra frágil humanidad que el Espíritu Santo va conformando a la de Cristo.

En la Navidad no solo evocamos un hecho histórico, sino que confesamos con nuestra vida el don de Dios ofrecido a todos: nuestra carne está llamada a ofrecer a Cristo, a ser presencia suya en la noche gélida de los pastores o en la búsqueda inquieta de los magos de Oriente. No solo las palabras, sino también nuestra manera de hablar, de ser y obrar, si responden al don del Espíritu, han de ser presencia del amor de Cristo encarnado en nuestra humanidad y ofrecido a todos.

Belén es la inaudita locura de Dios, que quiere ver, oír, sentir, hablar como los hombres…, para que un día los hombres puedan ver, oír, sentir, hablar como Dios.

Belén es un clamor. Dios quiere hacernos ver cómo lo más grandioso sucede en lo pequeño, en lo sencillo, en lo desapercibido para el fausto y el boato del mundo, incluso en lo despreciable y en lo que no cuenta para muchos.

Belén nos invita a convertir nuestra manera de mirar y considerar la realidad, convertir nuestra forma de acercarnos y atender a las personas y a los acontecimientos, convertir nuestros criterios para valorar lo que nos rodea, convertir nuestra actitud ante cada una de las acciones que hemos de afrontar: en todas ellas quiere nacer Jesús, hacerse presencia para todos. No hay nada en nuestra vida que no esté llamado a ser Navidad, porque todo nuestro tiempo está llamado a ser sagrado.

¡Ser Navidad! ¡Se necesita tan poco para serlo! Un pesebre y unas pajas acogieron la gloria de Dios hecho Niño.

Pero el Esperado de los tiempos vino de forma insólita. Y el Esperado sigue viniendo tantas veces en formas desconcertantes. Hay veces en que el desconcierto nos vence, hasta no ver el Don que tanto deseamos. “Señor, diremos: ¿cuándo fue eso?” “Cuando lo hicisteis, o no lo hicisteis, con uno de estos hermanos míos más pequeños” (Mt 25, 37ss), nos dirá el Niño de Belén.

Con frecuencia dejamos de acunar al Niño de Belén en el hermano que con su fragilidad nos escandaliza, que con su tristeza nos abruma, que con su alegría nos molesta, que con su éxito nos entristece, que con su carácter nos irrita, que con su dejadez nos inquieta, que con sus carencias y necesidades nos abochorna…

¡Si en toda ocasión fuéramos capaces de acunar en el amor…! Quizás los hermanos encontrarían la medicina para su fragilidad, la alegría para su tristeza, la fortaleza para levantarse de su caída, el estímulo para equilibrar su carácter, el ardor para salir de la dejadez, la riqueza para colmar sus carencias y necesidades; quizás sus alegrías serían nuestras alegrías, y sus éxitos serían los nuestros.                 

En Belén, María nos ofrece a su Hijo, cuyo Espíritu nos capacita para que nuestra humanidad, configurada a Cristo, haga presente su bien, su belleza y su verdad en medio del mundo, pero esto solo será realidad cuando sepamos acogerlo y acunarlo en el hermano que, a nuestro lado, con sus carencias y necesidades, es asimismo presencia de Cristo indigente.

Navidad: misterio del Amor Encarnado, misterio del Amor Solidario de Dios con la humanidad que nos hace exclamar: ¡Oh admirable intercambio de Dios, que se hace hombre en la persona de Jesucristo para que nosotros participemos de su divinidad!

 ¡FELIZ NAVIDAD!

 Maria Dolores Rodriguez Asc

 

 

 

 

 

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